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La Antropología aplicada es necesaria en las empresas. Ahorra costes, evita problemas entre departamentos, soluciona los que ya existen y tiende puentes entre los agentes de la tan manida multidisciplinariedad. No obstante, he estado reflexionando sobre los obstáculos que nos impiden a los antropólogos poner en valor nuestro trabajo en este ámbito, y he sacado varias conclusiones. El problema son los tópicos.

– ¿Pero eso para qué sirve?

Cuando alguien ajeno a la disciplina te pregunta para qué sirve la antropología, lo primero que nos viene a todos a la cabeza es hacer un chiste sobre graduados que viven debajo de un puente. No, basta, no quiero ni una sola gracia al respecto. Si Los antropólogos no somos los primeros en poner en valor nuestra profesión nos estamos faltando al respeto y estamos dando permiso a los demás para que sigan sin valorar la imprescindible labor de las ciencias sociales.

– La responsabilidad social corporativa.

Los antropólogos siempre hemos trabajado cerca de las minorías, las violencias, la desigualdad, los modos de producción injustos o las instituciones coloniales. Estar al lado de los más perjudicados por el sistema nos ha convertido en enemigos del capitalismo. ¿Cómo, entonces, un antropólogo va a poner su conocimiento al servicio del mundo financiero, de los grandes actores comerciales, de las redes injustas de distribución de bienes de primera necesidad, etc.? ¿No sería esto una traición al mundo ideal que anhelamos? La responsabilidad social corporativa es una obligación para las empresas, y la antropología resulta de una utilidad inimaginable en este aspecto.

– La mejor defensa no es un buen ataque.

El papel de los antropólogos estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial ya puso en evidencia la importancia del análisis cultural en las guerras. Esto no quiere decir que las ciencias sociales trabajen en pro de los conflictos bélicos. Los servicios de inteligencia están llenos de antropólogos y sociólogos que no hacen la guerra, sino que la previenen. Aunque una vez más, esto no cuadre con la imagen tópica del antropólogo pacifista.

En resumen, si en algo estamos de acuerdo todos es en el valor de la antropología para conseguir el objetivo de un mundo más justo. Y esto no pasa por derrocar a los monstruos económicos y financieros, sino más bien por humanizarlos. Cuando salgamos de las facultades sin etiquetas seremos capaces de poner nuestro trabajo al servicio del mundo que queremos conseguir.

Gracias a los ponentes de A Piece of Pie por el seminario del día 24 en la Facultad de CCPP de la Complutense.

Para saber más: Antropología de la Empresa, Sergio D. López

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