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Al no estar en campaña electoral, se ha dejado de hablar de la cadena perpetua (revisable o no, es pura retórica). El tema suele salir a la palestra cuando los informativos se hacen eco, con más o menos acierto ético, de un caso de violación. Si el delito se comete contra un menor, la indignación es máxima.

En España, hoy por hoy, no es posible implantar un sistema de cadena perpetua, por mucho que los partidos se empeñen en incluirlo en su programa electoral, en negrita, cursiva, subrayado y resaltado. Paso a explicar los motivos.

La Constitución Española, que nos puede gustar más o menos, pero por ahora es la que tenemos, contempla en su artículo 25.2 que:

“Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados.”

Esto excluye la posibilidad de que una persona sea privada de libertad de por vida, dado que   no se le estaría dando la oportunidad de la reinserción social que promulga la CE. Indudablemente, la cadena perpetua es inconstitucional.

Por otra parte, ¿qué diferencia habría entre imponer a un delincuente sexual una cadena perpetua y 65 años de prisión? Si las condenas se cumpliesen íntegras, y atendiendo a la edad y la duración de la pena, el violador moriría en la cárcel. Otra vez volvemos al argumento del párrafo anterior.

Ahora bien. ¿Qué hacemos con los violadores? Además de meterles la cabeza en una balsa de pirañas que no comen pelo (ojocuidao a los comentarios de la noticia), ¿qué otra medida preventiva o punitiva se les puede imponer? A todos nos viene la cabeza la castración. Química, quirúrgica, voluntaria, forzada… la cuestión es privar a un violador de su arma de asalto. Otro error. El acto violento en sí mismo es el ataque. Una violación con penetración es una forma de ataque. Por tanto, si un violador se queda sin su arma, va a recurrir a otra, simbólicamente fálica. El ataque se va a seguir llevando a cabo, pero en este caso con un objeto en lugar de con el pene. El violador seguirá siendo violador. El mismo perro con distinto collar.

Los delincuentes sexuales no se rehabilitan. Su conducta delictiva no obedece al ánimo de lucro, ni a una drogadicción, ni a ningún otro impulso que no sea el sexual, puramente conductual. Parece que no hay solución al problema, y si la hay no existe voluntad política.

Las personas encargadas de de modificar la CE llevan de vacaciones desde el día siguiente a su aprobación. No podemos contar con una reforma tan profunda cuando existen otras cuestiones menos complejas burocráticamente hablando que no son resueltas por falta de consenso, pereza, desidia…

¿Qué propuestas existen al respecto? ¿Deben ser tratados como enfermos mentales? ¿Instituciones de salud mental, en lugar de penitenciarias? Me gustaría que participasen en la discusión juristas, psicólogos, sociólogos y ciudadanos de cualquier índole. Este post queda abierto al debate.

¡Gracias!

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