Recientemente hemos conocido una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que avala la prohibición de donar sangre a las personas homosexuales. Hoy voy a intentar analizar la noticia, con calma, que el estómago se me revoluciona con estas cosas.

Los hechos.

“El caso se originó el 29 de abril de 2009, cuando un médico de la ciudad francesa de Metz rechazó la donación de sangre de Geoffrey Léger porque este había mantenido relaciones sexuales con otro hombre. El médico se basó en una orden ministerial francesa que permite excluir permanentemente a los homosexuales de la donación. Léger recurrió la decisión al considerar que esa norma infringe la legislación europea y el tribunal administrativo de Estrasburgo, encargado de pronunciarse sobre el litigio, elevó la cuestión al Tribunal de Justicia de la UE para que se pronunciase. La sentencia europea, por tanto, tiene amplia repercusión porque vincula a cualquier otro tribunal europeo que se enfrente a un caso similar, no solo al que preguntó.”

 

Este fragmento, extraído de la edición digital de El País resume con exactitud y objetividad los antecedentes de la noticia. Se considera grupo de riesgo en la donación de sangre a los hombres que han tenido relaciones sexuales con otros hombres. Hay otros grupos de riesgo, como por ejemplo las personas que han viajado a países con enfermedades endémicas, o quienes se han tatuado recientemente. Como vemos, y haciendo mía una reflexión de la Fundación Triángulo de Extremadura el riesgo no está en las personas, sino en las prácticas.

Vulneraciones.

Artículo 14 de la Constitución Española

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

A priori puede parecer que la resolución del TJUE discrimina a los homosexuales por su condición. No obstante, y para ser lo más objetiva posible en este asunto, he de decir que donar sangre no es ni un derecho, ni una obligación. Nadie obliga a nadie a ser donante. Pero ojo, esta sentencia vulnera un derecho fundamental en el momento en el que una persona se dirige a un banco de sangre, y el médico al frente le pregunta si ha tenido relaciones homosexuales con otros hombres. ¿Hasta qué punto estamos obligados a manifestar nuestras tendencias sexuales? Yo, que soy una mujer donante habitual de sangre, no me he visto nunca en la situación, pero sí me preguntan siempre si he tenido más de una pareja sexual recientemente. Lo que viene a ser lo mismo que preguntar si soy una persona promiscua. Siempre he respondido, nunca me he indignado. Y creo que esa pregunta bastaría para cualquier persona. No es necesario que la pregunta sea “¿es usted homosexual?” o “¿tiene relaciones sexuales con otros hombres?” El matiz es muy sutil, pero nos ahorramos las ofensas, las etiquetas y lo que es peor: la demonización de la homosexualidad. A veces, si no fuera porque me miro al espejo, juraría que estamos en 1990.

Lo que deduzco de la sentencia del TJUE es que una persona puede ser heterosexual y donante de sangre, independientemente de las conductas de riesgo que haya podido experimentar. Pero si confiesas en la sala de extracciones que eres un hombre homosexual, entonces:

1.- estás confesando algo a lo que no estás obligado

2.- estás siendo excluido del programa de donaciones por tu condición, no por las prácticas que lleves a cabo.

Insisto, las personas no son peligrosas, lo son las conductas irresponsables que ponen en riesgo la salud a nivel individual.

El procedimiento.

Ahí va otro fragmento de la noticia:

“El Gobierno francés alega que existe un periodo inmediatamente posterior a la infección viral en el que, aunque se hagan pruebas de VIH, no es posible detectar el virus en el enfermo. Aun así, los datos que supuestamente justifican esa mayor situación de riesgo entre el colectivo homosexual resultan poco consistentes respecto a la diferencia entre homosexuales y heterosexuales. Entre 2003 y 2008, casi todas las contaminaciones de sida se produjeron por contacto sexual y el 48% de las nuevas, por hombres que mantuvieron relaciones homosexuales (nada se dice del 52% restante).”

El VIH tiene el mismo patrón de evolución en todas las personas infectadas, sean homosexuales o heterosexuales. Sigue sin tener sentido la discriminación hacia los hombres homosexuales.

Puedo afirmar por mi experiencia que a las personas se les considera aptas para ser donantes en función de una entrevista personal, privada y confidencial con un médico responsable del servicio. Es decir, la confianza en que el candidato a donante está diciendo la verdad es el criterio fundamental.

No obstante, y como era de esperar, una vez se pone en marcha el proceso de extracción, se reserva una pequeña parte de sangre para analizar en busca de enfermedades infecciosas. Unos días después llega al domicilio del donante una carta con los resultados del análisis y un sincero agradecimiento por la donación.

El problema.

O los problemas, porque yo veo varios. Por una parte, se obliga a las personas a confesar sus preferencias sexuales, cosa poco ética, pero que puede ser pasada por alto si se da por hecho que quien va a donar sangre lo hace motivado por un deseo de ayudar. Es una acción altruista. A mi no me ofenden que me pregunten cómo soy de pendón, si mucho o poco. Hay unas normas y las respeto.

En segundo lugar, y creo que este es el problema real, se asocian las prácticas sexuales de riesgo (lo que viene a ser reductible a no usar preservativo) al grupo de hombres homosexuales. Como todos deberíamos saber a estas alturas, el SIDA se contagia de muchas otras formas. No hace falta ser homosexual para tener SIDA o ser portador del VIH.

Precisamente ayer, sirva como anécdota, comentaba con mi socio la noticia, y durante la conversación se me ocurrió lo siguiente: ¿habrá gente que lea la noticia y crea que el TJUE avala la prohibición de donar sangre a los hombres homosexuales porque la homosexualidad se contagia?

Con esto quiero decir que las repercusiones de la noticia no tienen nada que ver con un fenómeno sanitario. Por desgracia, el problema que ha generado esta sentencia, lejos de lo discriminatoria que pueda resultar, es un aumento de la homofobia. La percepción de los homosexuales como peligrosos para la sociedad es de tipo moral. Como la moral es subjetiva, la manera de objetivizar el peligro que suponen los homosexuales para el mundo es racionalizarlo en términos de salud pública, es decir, hacer de un prejuicio un dato científico. Y encima legitimado por el TJUE. Vamos, indiscutible (sarcasmo).

La conclusión.

La forma en que se ha tratado esta noticia genera una alarma social infundada. Los hombres que tienen sexo con otros hombres no son peligrosos para la idílica y moralmente intachable moral occidental (sarcasmo otra vez). Lo realmente peligroso es no educar sexualmente a nuestros hijos por dos motivos: porque se pueden convertir en adultos con prejuicios y porque los convertimos en ignorantes sexuales con el peligro que para ellos mismos conlleva.

En resumen (que me estoy extendiendo demasiado, y no me extrañaría que no llegases al final de este artículo), no hay personas peligrosas en términos de salud pública (bueno sí, los traficantes y los aspirantes a Walter White), hay prácticas, sexuales o no, peligrosas para las personas. Esto no tiene nada que ver con la condición sexual de cada uno, sino más bien con el sentido de la responsabilidad que cada persona tenga hacia sí misma.

RECOMENDACIONES PARA AMPLIAR:

http://www.donantesdesangre.net/preguntas.htm

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/04/29/actualidad/1430299145_577097.html

http://www.fundaciontriangulo.org/

http://www.lambdavalencia.org/es/

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