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Estoy observando estos días que algunos antropólogos teóricos la están cagando pero bien. Si la antropología llega a desaparecer en un momento dado, no solo no me extrañará, sino que espetaré un sonoro “se veía venir”. Porque es que se viene venir. 

El ejemplo de decadencia más reciente que he observado, es el tratamiento de nuevas realidades sociales como problemas. Señores, se nos ve el plumero. Seguimos anclados en el estructural-funcionalismo, y desprende una peste a rancio insoportable. Las nuevas técnicas de reproducción, los matrimonios entre personas del mismo sexo, las adopciones, la gestación subrogada… Estamos abordando temas sociales contemporáneos como si fueran problemas, y así nos referimos a ellos. Y seguramente suponen un problema porque nos toca las narices tener que estar reconsiderando cada dos por tres nuestras constreñidas teorías clásicas y estáticas.

Si consideras un problema intentar meter con calzador un hecho contemporáneo dentro de un paradigma ochentero es que algo estás haciendo mal. Haber estudiado alguna ciencia exacta, desde luego la antropología no es lo tuyo. 

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