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Las noticias me dejan perpleja. Hoy he visto a un señor con un megáfono defendiendo la cultura. De alguna manera que desconozco ha llegado a convertirse en el legítimo portavoz de la cultura. Él y los suyos la defienden del maltrato institucional. Porque la cultura debería estar al alcance de todos y claro, con el IVA se ha puesto la cosa por las nubes.

Lo que en realidad quería decir este portavoz es que se está muriendo de hambre porque la gente no tiene dinero para gastar en material cultural – libros, discos, cine, teatro, pintura, escultura… –. En resumen, la gente no consume, que es lo que interesa. Eso es lo que la mayoría entendemos por cultura. Una cosa carísima que está al alcance de cuatro privilegiados. Elitista, prohibitiva, un símbolo de clase, distinción y sabiduría. A algunas personas se les llena la boca con la palabra cultura porque con el simple hecho de pronunciarla ya molas. Porque son personas cultas, que leen a Murakami y ven cine iraní. Pues no.

La cultura no tiene precio, ni dueño, ni se puede comprar ni vender, porque la cultura no son objetos ni servicios. La cultura es conocimiento, tradición y diálogo. Hemos cosificado la cultura, precisamente para elevarla a la categoría de artículo caro y restringirla. Pero qué idiotas, no se puede poner puertas al campo.

La cultura es sentarte a escuchar a tu abuelo, que te puede contar mil historias de cuando era joven, después de haberte zampado un buen plato de paella en la alquería. También es abrir las bibliotecas municipales de lunes a domingo para que todos los padres puedan ir con sus hijos al menos una vez a la semana. No es cultura pagar 8€ por una entrada de cine, pero sí es cultura montar un grupo de teatro para entretener a la gente del pueblo, y de paso te diviertes; ni es cultura comprar libros, sino más bien leerlos – otra vez volvemos a las bibliotecas –. Tampoco es cultura montar en los ayuntamientos y diputaciones gabinetes de desarrollo de la cultura local, y poner al frente a ingenieros, dentistas o políticos a secas, sin otro oficio conocido. Eso no es cultura, eso es mearse en ella.

La cultura en sí misma es observable, pero no se cuenta, ni se posee, ni se puede traficar con ella. La cultura son todos y cada uno de los movimientos que hacemos cuando ejercemos de ciudadanos. Es el vehículo a través del cual la sociedad crece, y se alimenta de sí misma. Es lengua, tradición, interacción ciudadana… La cultura es algo etéreo, difícil de definir porque está en todas partes, pero no podemos tocarla. Es un discurso, una forma de vida típica, que no tipificada.

La cultura no es tuya, ni es mía, la hemos aprendido, estamos metidos en ella de lleno, es nuestro medio natural, pero eso no nos hace dueños de ella.

La cultura no se defiende, la cultura se practica.

* Para más información sobre la cuestión de la cultura, Cultura, antropología y otras tonterías, A. Díaz de Rada, ed. Trotta.

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