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¿En serio?1

 Publicaciones de prestigio como Scientific American ponen de relieve los peligros del envejecimiento de la población en España. Los avances médicos aumentan la calidad de vida y, por consiguiente, la esperanza de vida. Esta es una de las causas de que los españoles superemos con creces la media de mundial de esperanza de vida2. El clima, la alimentación, el fácil acceso a servicios médicos – hasta que Ana Mato nos lo permita – y la toma de conciencia sobre la importancia de la propia salud son algunos de los factores más básicos que contribuyen a que en España muramos viejos.

No obstante, hay otra causa de que este sí sea un país para viejos. El retraso de la maternidad pone en serio peligro el relevo generacional lógico. Cada vez tardamos más en tener hijos. Según el Instituto Nacional de Estadística, las españolas tenemos nuestro primer hijo a los 31,55 años3. Una barbaridad si tenemos en cuenta que según la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva la edad ideal para tener hijos sanos pulula alrededor de los 20 años, y que a partir de los 30 las posibilidades de embarazo se reducen drásticamente hasta el punto que, según el Instituto Valenciano de Infertilidad, a partir de los 40 años solo uno de cada diez embarazos llegará a término. ¿La culpa es nuestra?

La realidad es que no, y voy a procurar aportar argumentos. Se nos acusa de anteponer nuestras carreras profesionales a la maternidad – ¡malditas egoístas! – como si todas fuéramos altas ejecutivas con cargos de responsabilidad. Lo cierto es que solo entre un 5 y un 10% de los puestos directivos en el sector privado son ocupados por mujeres4. En lo que a mi experiencia respecta, solo conozco a una mujer con un cargo de responsabilidad en una empresa multinacional y aunque está embarazada, su puesto de trabajo está lejos de peligrar por este motivo. Pero conozco muchísimos casos de mujeres con trabajos poco cualificados, de esos que no hacen carrera, que se han ido de patitas a la calle en cuanto han hecho público su embarazo.

Otra de las excusas baratas que he encontrado para hacernos creer culpables del retraso de la maternidad es la preocupación por el aspecto físico – que yo no concibo separado de la salud –. Claro, es que a vosotros no se os ensanchan las caderas, ni os cuelgan las tetas, ni tenéis que dejar de pintaros las uñas, ni os tenéis que cortar el pelo porque no encontráis tiempo para cuidar de la melena… De nuevo, ¡malditas egoístas!. Si bien es cierto que existen mujeres que ponen su físico por encima de todo, por suerte escasean. De hecho están haciendo un favor a la raza humana por no reproducirse y desde aquí les doy las gracias. Y ahora volviendo a la cuestión física y de la salud, las probabilidades de sufrir un cáncer de mama – el más frecuente en mujeres en edad fértil – cae drásticamente tras haber parido. Es más, el cáncer de mama y el embarazo son fenómenos que se dan de manera simultánea en 1 de cada 10.000 mujeres gestantes5 y las probabilidades de curación son mayores que en mujeres no gestantes. Querida pija presumida, si no quieres tener hijos para que no se te caigan las tetas, no te quiero ni contar lo horrible que sería para ti tener que someterte a una mastectomía. Si de salud se trata, no hay mejor prevención que ser madre al menos una vez.

Retomando la cuestión social, me llama la atención que el problema de la maternidad tardía solo sea cosa de mujeres6. Que nosotras seamos madre tarde no es culpa exclusivamente nuestra. Nosotras nos quedamos embarazadas, pero para eso papá ha de poner la semillita en mamá7, y papá tiene que querer y poder. Querer, porque un hijo es un vínculo para toda la vida con una mujer con la que ahora quieres estar, pero la vida da muchas vueltas y vete tú a saber con quién acabas compartiendo catre. Y poder porque según el IVI el descenso de la calidad del esperma en los últimos años ha planteado problemas de fertilidad a parejas en las que la mujer está sana y preparada para gestar. Y eso no es culpa nuestra.

Se pone en tela de juicio nuestra capacidad de decidir, cuando esta no existe en la medida que creemos. Nosotras no decimos ser madres o no serlo. Para acusarnos de egoístas no se ha tenido en cuenta que muchas mujeres no son madres porque sus parejas no pueden, no lo desean, o porque no han encontrado un padre potencial para sus hijos – subjetivo pero real –.

El miedo a perder la libertad o la identidad individual nos afecta a todos, padres y madres. La realidad es que somos nosotras quienes hacemos frente a la mayor parte de la carga moral de la maternidad. Y el ejemplo más claro es que todo el mundo tiene derecho a juzgarnos a nosotras: si somos madres jóvenes porque habrá sido un accidente, si somos madres viejas porque hemos hecho prevalecer nuestra individualidad a la maternidad. Si trabajamos fuera de casa, mal, porque tenemos que dejar a nuestros hijos con extraños desde muy pequeños, pero si nos quedamos en casa peor, porque somos unas marujas mantenidas. Vaya, los padres no tienen estos problemas.

La cuestión es que cada vez tardamos más en tener nuestro primer hijo, y eso no es por anteponer nuestra carrera, ni por nuestro cuerpo, ni por nuestra libertad individual. La maternidad es una circunstancia de dimensiones sociales, y para que nosotras podamos ser madres necesitamos un padre predispuesto y una sociedad que no nos juzgue.

1Este texto no pretende ser retrógrado, en el sentido en que el modelo de familia ha cambiado aunque aquí solo se ponga de relieve la problemática de la maternidad en el contexto de la pareja heterosexual. Es solo un ejemplo de los muchos que hay en relación a la variedad de formas de familia.

2La esperanza de vida de la población mundial ronda los 67,2 años, mientras que España se sitúa en el puesto 12 del ranking con 81.37 años. Fuente: OMS.

3Datos del año 2012

4La cifra depende de la fuente, no he encontrado datos oficiales.

6Para lo que nos interesa, porque en cuestiones como el aborto mete las narices todo el mundo.

7Para plantear este problema, se ha tomado como referencia el hecho maternal en el contexto de la pareja heterosexual. La maternidad en soltería o el nacimiento de hijos de parejas homosexuales son fenómenos con otras particularidades que no voy a tratar en este texto por cuestiones de focalización del tema.

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