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No lo he podido evitar. Seguro que la mayoría de vosotros habréis tenido constancia de la noticia científica del momento: ¡han creado un cerebro en un laboratorio!

Hay noticias que parecen hechas para ser desmontadas. Y es que la prensa científica está últimamente de un sensacionalista que no los aguanta ni Punset.

La cosa es que en Austria –país al que ya me gustaría a mi poner los pies para investigar porque invierten en ciencia cantidades de dinero que aquí sólo concebimos para fútbol – un grupo de científicos ha creado un cerebro en un laboratorio a partir de células madre en un entorno artificial que simulaba las condiciones de un útero.

Las reacciones han sido de chiste. Veo mucha gente asustada por este hecho, no vaya a ser que un día le metan uno de esos a un ordenador y acabe con la especie humana o algo así. Queridos amigos, allá voy.

Lo que han fabricado este grupo de científicos no es un cerebro humano. Es un conjunto de células cerebrales, pero no es un cerebro en sí mismo. El cerebro humano tal y como lo conocemos hoy se creó por y para la socialización y la vida en grupo. Aunque creasen un cerebro artificial de cien kilos no serviría para mucho a nivel funcional. Pero su valor para investigar enfermedades sería inconmensurable.

Por ahora de lo único que os tenéis que preocupar es de mantener en forma el vuestro. Y recordad, se dice cerebro, no celebro ni serebro. Con cariño.

Por ahora de lo único que os tenéis que preocupar es de mantener en forma el vuestro. Y recordad, se dice cerebro, no celebro ni serebro. Con cariño.

El cerebro humano es social. Empezó a crecer gracias a factores como los cambios en la dieta, el bipedismo y la necesidad de crear grupos, aunque los motivos son muy controvertidos, pues algunos de ellos no sabemos todavía si son causa o consecuencia.

El neocórtex es la madre del cordero. Dumbar1 relacionó su tamaño con la cantidad de individuos que podemos gestionar en nuestra red social. Y cuando digo nuestra me refiero a humanos y monos. La sorpresa es que no hay grandes diferencias entre nuestros cerebros y los suyos. Ambos neocórtex tienen el mismo número aproximado de neuronas. La diferencia radica en cómo se comunican esas neuronas, y en nuestro caso dicha comunicación es más fluida.

El cerebro humano debe parte de su desarrollo a hechos como la comunicación y la creación de artefactos. Es un órgano que se ha ido perfeccionando a lo largo del tiempo en función de nuestras exigencias como especie. Un cerebro por sí mismo no sirve para nada. Necesita a su propietario. No vamos a ver cerebros trabajando dentro de robots, ni hemos de temer una guerra de cerebros, donde intenten aniquilarnos con sus retorcidos planes para dominar el mundo. Podéis borrar de vuestras cabezas la imagen del cerebro en un bote con suero, desatado buscando venganza. Todo esto es ciencia ficción, muchas veces fruto del amarilleo de la prensa científica, que busca titulares jugosos en detrimento de la verdad. Además, pretender resumir un artículo de la Nature en doscientas palabras es de ser muy estirado.

El cerebro es un órgano de una complejidad tal, que hemos sido capaces de hacer cosas como viajar al espacio, pero no hemos tenido conocimiento suficiente para descifrarlo. Pretender crear uno en un laboratorio a pleno rendimiento es un buen guión para una película, pero lamentablemente no llegaremos a verlo. O eso espero.

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