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Como las manos ociosas son el juguete preferido del diablo, estas vacaciones de Semana Santa vienen cargaditas de trabajo. En concreto tengo entre manos un ensayo sobre este libro.

Alianza Editorial

Al principio me pareció totalmente fuera de mis capacidades, porque no tengo ni idea de música. Además soy más bien una negada. Pero entonces abrí el libro, empecé por el prólogo y… sorpresa.

El libro, cuya edición española está al cuidado de mi profesor Francisco Cruces, comienza con un prólogo de Jaume Ayats, actual director del Museu de la Música de Barcelona, que explica de manera muy breve pero muy estructurada los puntos básicos de la línea teórica que Blacking desarrolla en esta obra.

Hace algunas líneas os he dicho que soy una negada para la música y que no tengo ni idea. Bueno, pues es mentira. Blacking se apoya en dos pilares teóricos para defender mi honorabilidad musical, y la de todos aquellos que nos consideramos unos desgraciados a la hora de empalmar dos notas sin que nos sangren los oídos. El primero de los pilares de Blacking es la biología. Según él, todos nacemos con una cierta predisposición para la música y con unas estructuras cerebrales preparadas para crearla. Más o menos vendría a ser como la gramática generativa de Chomski pero con ritmo. Una vez asumido que todos tenemos aptitudes para hacer música, viene el segundo pilar teórico que, además, responde a esa pregunta que todos nos estamos haciendo: Si todos podemos hacer música, ¿por qué no todos hacemos música? Pues John -es que ya le he cogido cariño- dice que la música es un fenómeno social, y como tal, sólo se puede comprender en ese contexto. En resumen, la música sería una suma de factores biológicos -en unas personas más notables que en otras, pero presente en todos nosotros- y de factores sociales.

Otro de los puntos fuertes de la teoría de John es que no cabe distinción entre música culta y música popular. Todos los estilos musicales son igual de relevantes en su contexto desde el momento en que entendemos la música como un sistema de interacción entre el ser humano y la sociedad.

Pero la frase que de verdad ha hecho que me enamore de John es la siguiente:

“¿Debe la mayoría tornarse amusical para que unos pocos se vuelvan musicales?”

Creo que queda claro por dónde van los tiros. La música se ha convertido en una práctica exckusiva a la que no todos tienen acceso, y la excusa es “tu no vales para la música”. Una vez ha quedado claro que todos somos igual de musicales, toca analizar los motivos por los cuales se ha elevado esta manifestación cultural a la categoría de elitista.

Para John no existen jerarquías de estilos musicales, ni tampoco una historia de desarrollo lineal -hola, foto fija-. Simplemente la música cambia en función del contexto en el que se produce.

El prólogo de Jaume Ayats por sí solo da pie a reflexionar a cerca de la musicalidad de los individuos y también sobre la función de la música. Una vez abierto el apetito vamos con el primer capítulo. Seguiré informando.

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