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En estos momentos críticos para la democracia observamos con más atención que nunca cada palabra y cada gesto de los miembros de la clase política. Y a muchos nos ha terminado por interesar. No por el contenido de sus declaraciones -que curiosamente es prácticamente inexistente- sino más bien por las formas. O por las no formas.

Entendemos por no forma la falta de concreción del discurso polítco del S.XXI. Salvo contadas excepciones, los miembros de la clase política que podemos observar actualmente en España no se caracteriza por su brillante talento para la gestión de organizaciones humanas, y mucho menos para ejercer de líderes en las relaciones de poder establecidas. Al fin y al cabo la política es eso.

Fuente: www.ellibrepensador.com

Soraya Sáez de Santamaría en enero de 2012
Fuente: http://www.ellibrepensador.com

Pero actualmente nos encontramos con un grave problema: cualquiera puede ser político, independientemente de su formación, de su grado de compromiso o de su calidad humana. ¿Todo el mundo está preparado para hacer política? Definitivamente no. Este ejercicio requiere algo mucho más concreto, pero últimamente abundan los discursos vacíos de contenido. Frases como “estamos trabajando por España”, “habrá que gobernar“, “yo sé lo que hay que hacer” o “hemos propuesto un paquete de medidas al respecto” vienen a significar más o menos lo mismo que en fútbol “son once contra once”, “no hay enemigo pequeño” o “no hay que subestimar al rival”. O sea, que no significan nada.

Fuente: Diario Público, edición on-line http://www.publico.es/espana/410379/rajoy-reaparece-para-decir-que-habra-que-gobernar

Mariano Rajoy en diciembre de 2011
Fuente: Diario Público, edición on-line

Este tipo de ambigüedad lingüística puede tener varios propósitos. El primero y más probable es que… simplemente no se sabe qué decir. También puede servir para hacer felices a los votantes de todos los colores políticos, ya que ciertas frases concretas invitan a la libre interpretación. Y claro, las personas escuchamos lo que queremos oír. Otra teoría es la típica “no dan para más”. Es decir, que los portavoces políticos carecen de propuestas y frases concisas porque no se les ocurre nada útil. En este caso convendría cambiar de portavoz, o empezar a hacer política de la de verdad, y no en plan hobbie. Hasta en la fotografía, hobbie por excelencia, se persiguen tanto el intrusismo como la falta de profesionalidad, pero en la política no, porque cualquiera es capaz de hacer política, tal y como la entendemos ahora.

La vertiente antropológica, que es lo que al fin y al cabo nos atañe, se posiciona muy claramente al respecto. Una definición de antropología política sería el estudio de las relaciones de poder imbricadas en las organizaciones humanas¡Esto no pasaba en las sociedades sin Estado! Lógicamente la creación de un Estado moderno requiere una cierta organización burocrática que se ha traducido en poder, coacción y estratificación. Pero incluso en los estados más primitivos se erigía líder quien poseía una serie de cualidades y capacidades. De nada servía una jefatura heredada si quien ejercía el mando carecía de la habilidad suficiente.

Entonces, ¿cómo ha evolucionado la política hasta llegar a este punto? Es posible que estemos ante una política amorfa. En mi opinión, simplemente no es lo mismo. No se puede llamar política al ejercicio del poder basado en la falta de discurso. Eso es otro sistema organizativo al que me gusta llamar pseudopolítica para no calentarme mucho la cabeza. Pero queda muy lejos del noble ejercicio de la gestión social.

“Puedo prometer y prometo…”, Adolfo Suárez

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