Hola amiguitos. Cierto es que he tenido un poco abandonado este blog, pero como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. 
Antes de nada quiero saludar a mi padre, que en este momento estará cerveceando con Marvin Harris.
Bien, resulta que este curso ha empezado fuerte. La biblia de los antropólogos, Introducción a la Antropología General, ha llegado a mis manos y la estoy estrujando, un poco por obligación y otro poco por gusto. Estaba yo con el tema 18, sobre las jefaturas y los estados, y me ha llamado poderosamente la atención el ejemplo de los Bunyoro. Y no por las características que Harris describe con tanta gracia en su libro, sino porque ahora mismo tengo la sensación de formar parte de una sociedad de pringados. ¿Creéis que somos civilizados? ¿Avanzados? ¿Socialmente evolucionados? Pues os voy a contar un poco sobre esta gente, considerada en su día como pueblo primitivo.
El reino de Bunyoro forma parte de la actual Uganda. En 1960 Beattie realizó un trabajo etnográfico de campo muy interesante. Con una población aproximada de 100.000 habitantes, los bunyoro tienen un sistema de distribución de recursos que, a lo mejor, os recuerda a algo.
Existe entre los bunyoro un autoproclamado mukama, jefe supremo de cargo hereditario al que pertenecen por filiación todos los recursos naturales del territorio. Él es quien, a través de concesiones, permite el uso de estos recursos a otros jefes de rango inferior o a plebeyos. A cambio, éstos proporcionan al mukama bienes y servicios, como pueden ser cosechas o servidumbre.
Obviamente, el mukama no distribuye tanto como recibe. Digamos que (gran) parte de la recaudación la repartía entre sus familiares, que constituyen una autoproclamada clase aristocrática. Una gran parte de estos impuestos van destinados a gastos como la guardia palaciega, los rituales mágico-religiosos y a los chamanes encargados de dichos rituales, a los guardianes de las tumbas reales, a los guardianes de los tambores reales, a los guardianes de los tronos reales, cocineros, encargados del baño del mukama, pastores de su ganado, alfareros, artesanos textiles que confeccionan sus trajes y adornos y otros tipos de funcionarios.
Bien, he intentado ser lo más objetiva posible (los antropólogos tenemos que deshacernos de cualquier sesgo para garantizar un buen trabajo) pero no he podido evitar acordarme de un mukama al que todos conocemos y que, a pesar de no permanecer en su cargo, sigue ejerciendo de tal en la sombra. O al menos conserva sus priviegios…Además, existe una clase poco definida de consejeros y adivinos que también chupan del bote y que, además, le hacen la pelota al mukama para garantizarse en el futuro una jefatura.
Por si fuera poco, el pueblo bunyoro también se encarga de mantener a todas las esposas del mukama, sus hermanos, sus hijos y asistentes.
Como buen jefe de estado, el mukama realiza viajes por los estados vecinos para fomentar las buenas relaciones diplomáticas, lo cual corre a cargo, como no, de las “arcas públicas”, que más que públicas, a mi me parecen privadas.
Hasta la próxima entrada. Espero no tardar tanto como esta vez.
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