A lo largo de la historia los seres humanos hemos sido víctimas y autores de los más atroces genocidios. Ciertos colectivos han sido objeto de dominación, esclavitud y exterminio.
El caso de la Shoah me parece especialmente grotesco por varios motivos. En primer lugar cabe destacar el apabullante número de víctimas del que se tiene constancia. Entre 5,1 y 6 millones de judíos1, además de otras víctimas pertenecientes a colectivos “enemigos” del III Reich, fueron exterminadas en los lager. Sólo en los tres campos de Auschwitz se han contabilizado 1,5 millones de víctimas judías2. Otro motivo es el silencio reinante durante los años que el Holocausto duró. Nadie se preguntaba a dónde llevaban a sus vecinos cuando eran arrancados a la fuerza de sus hogares en violentas intervenciones militares. Ni si quiera la comunidad internacional fue capaz de identificar el escabroso plan de higiene racial de Adolf Hitler.
Existen otras muchas razones por las cuales podríamos calificar este genocidio como el más atroz de los conocidos hasta ahora, pero desde mi punto de vista hay una característica clave: el uso de técnicas de deshumanización extremas como método de dominación absoluta.
En este espacio se pretende enumerar y describir algunas de estas técnicas, así como sus fines específicos desde el punto de vista del hecho como ritual de iniciación. En Antropología los procesos rituales constan de tres partes: paso, iniciación e integración. Estos tres rituales se fusionan en el caso de Auschwitz y dan lugar a un único proceso de iniciación que va desde que el prisionero es arrancado de su entorno habitual hasta que se integra en su nueva vida como häftling. Este ensayo se centra en ese proceso y en las acciones concretas que se ejecutan para llevarlo a cabo, así como los efectos psicológicos y fisiológicos que se pueden observar en el prisionero.
Siguiendo el esquema de Moreno3 paso a analizar los dos ciclos de iniciación. Iremos viendo cómo cada uno de estos ciclos, dividido en tres fases, es un paso más hacia la deshumanización del prisionero.
Existe un hecho principal que marca el comienzo del proceso de iniciación: la dentención. Se puede considerar un punto de inflexión, el momento justo en el que la vida del häftling cambiará para siempre. La incertidumbre que invade al nuevo detenido le hace más vulnerable. Es aquí donde comienza el prisionero y termina el ser humano en lo que será un proceso de destrucción de la condición humana. Cualquier organismo vivo tiene menos posibilidades de sobrevivir en un entorno ajeno a su hábitat, y esto también pasaba con los detenidos que iban a ser trasladados a Auschwitz. Desde el punto de vista fisiológico, a partir de ese momento sus necesidades más primarias, como la alimentación, iban a estar supeditadas a la voluntad de un tercero. En lo psicológico, para todo individuo es más difícil desenvolverse en un medio hostil y desconocido, lo cual representa una ventaja para los guardianes del campo de concentración.
Durante el transporte la iniciación continúa y el detenido va tomando conciencia de lo que está sucediendo. El tratamiento que reciben los pasajeros es más propio de un cargamento de ganado que de un grupo de personas. Se les priva de comida, de agua, incluso deben permanecer de pie, hacinados en el vagón durante la duración del trayecto. Primo Levi en su obra Si esto es un hombre describe con gran sentimiento este viaje en el primer capítulo. El agotamiento que les provoca el viaje hace que llegen al lager siendo más vulnerables, otra desventaja para la supervivencia.
Viktor Frankl, en su obra El hombre en busca de sentido4 describe el momento justo en el que desaparece el ser humano en estos términos:
 
“El síntoma característico de la primera fase es un shock agudo e intenso”
 
La angustia se apodera de aquellos que habían oido hablar de Auschwitz. La información no era clara, pero existían rumores de lo que allí ocurría. De nuevo aparecía la ansiedad y el desconcierto jugando un papel clave a favor de la deshumanización, que ya había comenzado a ejercerse.
En mi opinión uno de los momentos más crueles es el de la selección en la rampa. A su llegada al lager los prisioneros eran despojados de sus pertenencias como ropas, fotos de familia, artículos de aseo personal… Cualquier cosa que llevasen como equipaje era requisada para su posterior distribucion entre los ciudadanos del Reich. A partir de ese momento los prisioneros entran en un proceso de igualación, que acabaría eliminando cualquier rasgo diferenciador del resto de häftlinge.
Una vez fuera del vagón y despojados de sus pertenencias llegaba el momento de la selección. De nuevo la incertidumbre alimentaba la sensación de ansiedad de aquellos que no sabían a dónde eran llevados. Un debilitante paso más hacia la deshumanización. Citando de nuevo a Frankl, aparecía la llamada “ilusión del indulto”5. Quienes experimentaban esta sensación eran conocedores del resultado de las selecciones, y esperaban ser salvados en el último momento.
Aquellos que no eran seleccionados iban a comenzar ese mismo día a ver cómo morían sus cualidades humanas. El hecho de ser separados de parientes o amigos (ubicados en otras zonas del lager o exterminados tras la selección) debilitaba psicológicamente al prisionero. Gente extraña que habla lenguas desconocidas, privación de información sobre lo que está pasando, más incertidumbre… todo esto debilitaba la voluntad del prisionero, haciéndole sumiso y vulnerable. El miedo provoca ansiedad, que activa los mecanismos fisiológicos de alerta y supervivencia. El prisionero comienza a sentir estrés, ve a los demás häftlinge como competidores. Esto genera otra enorme ventaja para los alemanes a la hora de mantener controlada a la masa: hostilidad entre los prisioneros. Un grupo no cohesionado es infinitamente más maleable, lo cual sopone un beneficio para los SS encargados de la seguridad del campo, pues el riesgo de amotinamiento se reducía considerablemente. Este es uno de los motivos por los cuales la cantidad de oficiales en los lager era bastante pequeña en relación al número de prisioneros. El control de las masas a través del uso del miedo surtía efecto.
En un segundo ciclio iniciático Moreno identifica también tres fases en las cuales el fin sigue siendo la anulación de toda voluntad humana. Más adelante veremos el doble objetivo de esto.
Tras el desconcierto de la primera noche en el barracón comienza una serie de ceremonias de humillación cuyo ejercicio pretendía integrar al nuevo prisionero en su nuevo entorno. Cabe destacar que en su mayoría eran llevadas a cabo por otros prisioneros más veteranos, aunque las órdenes provenían de los verdaderos responsables del campo. Esto generaba más odio y hostilidad entre häftlinge, que se veían vejados por otros de su misma condición.
Se despojaba a los presos de sus nombres, sustituyéndolos por un número tatuado en el brazo izquierdo. Además de identificar al häftling se le estigmatizaba de por vida al ser una marca imborrable e inconfundible. Se les había desprovisto de sus identidades humanas.
Otro ritual consistía en desinfectar y rapar la cabeza a todo prisionero, independientemente de su sexo. Esto afectaba en particular a las mujeres, pues el cabello ha sido siempre un rasgo distintivo entre géneros y un símbolo de feminidad. Cada vez existían menos diferencias físicas entre los häftlinge. Cabe también señalar que, con el tiempo, debido a la deficiente alimentación y al estrés extremo al que eran sometidas, muchas prisioneras experimentaron periodos de amenorrea, lo cual difuminaba más aún su cualidad de mujeres por el hecho en sí, además de por la aparición de vello corporal como consecuencia de esta enfermedad.
También se proporciona a todo el mundo la misma ropa, los mismos zapatos y el mismo trato. Se ha podido observar en diferentes fuentes audiovisuales67 que con el tiempo los prisioneros sufrieron un deterioro físico escandaloso. Esto junto con el cabello rapado y el hecho de que la mayoría llevaban el mismo uniforme les hacía tener una apariencia muy similar. Nuevamente estamos ante otro método de deshumanización en masa.
El resultado de este proceso es terrorífico. Miles de seres humanos desprovistos de nombre, de pasado, privados de información, de cultura, separados de sus familias y arrancados de sus casa eran convertidos en masas grises a las órdenes de los representantes del Reich. Se habían transformado en fantasmas sin el más mínimo indicio de haber tenido anteriormente referencias humanas.
Pero este no es el único objetivo del proceso de deshumanización de los prisioneros. Tratar a los häftlinge con la crueldad que caracteriza a los lager e inflingirles los tratos degradantes e inhumanos a los que eran sometidos requería por parte de los SS un cambio de perspectiva. No podían permitirse ver a los prisioneros como personas, pues corrían el riesgo de sentir compasión por ellos. Si un häftling dejaba de ser visto como un ser humano era más fácil tratarle como un animal. He aquí la respuesta a una pregunta frecuente: ¿cómo un ser humano puede tratar a otro igual de esta manera? ¿En ningún momento los SS sintieron ni un ápice de humanidad? La respuesta es no, símplemente porque lo que tenían delante no eran personas.
Estos son los métodos de deshumanización más significativos que se utilizaban en Auschwitz con el propósito doble de, por una parte, hacer de los prisioneros una masa de esclavos manejable y, por otra parte, facilitar el trato inhumano de los SS a estos prisioneros.
Para cerrar este ensayo me gustaría hacer hincapié en un concepto acuñado por el psicólogo Martin Seligman: la indefensión aprendida. Según Seligman un sujeto sometido a malos tratos adopta una actitud mediante la cual se cree totalmente indefenso y, no sólo eso, sino que, además, aún existiendo posibilidades de cambio, no las tiene en cuenta, quedando resignado al sufrimiento constante. Esta conducta se observa entre los prisioneros de los lager. Una vez integrados en la dinámica de los campos interiorizan las condiciones de su nueva vida hasta el punto de adoptarlas como algo “normal”. En El corazón de la zona gris se pone de manifiesto la escasa predisposición de los prisioneros a organizar amotinamientos, huidas o cualquier otro plan de defensa o escape, pudiendo ser el ya mencionado síndrome de indefensión aprendida el causante de la situación descrita.
Por último, y como conclusión, me gustaría hacer saber mi punto de vista personal sobre el tema que se ha tratado. Las técnicas descritas destacan por su crueldad, pero, a nivel táctico, no dejan de ser acciones cuidadosamente estudiadas y diseñadas para cumplir las espectativas del Reich. El nacionalsocialismo se propuso el firme objetivo de exterminar a la población judía, y este conjunto de prácticas como método de exterminio es un plan estratégico más orientado hacia este objetivo. La deshumanización priva cruelmente a las personas de sus características humanas, llevándolas a una experiencia existencial más cercana a la muerte que a la vida.
En el punto en el que nos encontramos como civilización, a priori, sería correcto afirmar que no estamos en condiciones de tolerar un capítulo histórico como este, pero cabe recordar que las violaciones, la esclavitud, el tráfico de seres humanos y la explotación infantil son algunos métodos de deshumanización modernos que parecen no despertar tanto interés como el holocausto nazi. Quizás no encontramos tanta crueldad en estos hechos porque nos hemos inmunizado ante toda la violencia que nos transmiten los medios de comunicación, pero hay que tener en cuenta que estamos ante la misma dinámica humillación y tortura.


1The United States Holocaust Memorial Museum, http://www.ushmm.org
2P. Moreno, El corazón de la zona gris. Madrid, Trotta 2010, p. 43
3P. Moreno, El corazón de la zona gris. Madrid, Trotta 2010, p 69 y 73
4V. Frankl, El hombre en busca de sentido p. 35. Barcelona, Herder 2004
5Según Frankl, la ilusión del indulto se trata de un término empleado en psiquiatría para nombrar un “mecanismo de amortiguación interna percibido por los condenados a muerte justo antes de su ejecución; en ese momento conciben la infundada esperanza de ser indultados en el último minuto“.V. Frankl, El hombre en busca de sentido, p. 37. Barcelona, Herder 2004
6 I. Gutman y B. Gutterman, Auschwitz: el álbum de la tragedia. Madrid, Metáfora 2007
7I. von zür Müller, Die Brefeiung von Auschwitz. Berlin, Absolut Meridien 2007
* Mención especial a la psicóloga Esther Fuentes, que me sugirió el concepto de indefensión aprendida.