Bueno, pues aquí estamos otra vez. Algunos de vosotros ya sabréis que me he matriculado en un curso de extensión universitaria. El nombre exacto es “Prevención e intervención en la violencia de género: un enfoque multidisciplinar”. Y entonces, ya por vicio, le he buscado la antropología al tema, pero no la tiene. 
En este curso se pretende abordar el problema desde tres aspectos: el psicológico, el socioeducativo y el policial, que está muy bien porque fenómenos sociológicos como este no se pueden estudiar sólo desde una perspectiva (al igual, por ejemplo, que las drogadicciones). 
A pesar del enfoque tan completo que se le quiere dar a la violencia de género me he dado cuenta de que no existe (o al menos no es pública) una historia de los malos tratos. Como cualquier otro problema, si conocemos los orígenes, es más fácil de afrontar. Pero de esto parece que no se está ocupando nadie, o al menos no nos llega información. 
Al margen de lo que motiva a un hombre para maltratar a su pareja, hay otros factores históricos y antropológicos que han favorecido que en pleno siglo XXI hayamos dejado de cazar para sobrevivir, pero no de maltratar a nuestras mujeres

La sumisión que desde diferentes esferas se nos ha inculcado, el papel de cuidadoras que ha dejado poco tiempo para el progreso personal y la formación, la inferioridad en cuanto a fuerza física, los hijos (cuando han supuesto para algunas mujeres un lastre, en lugar de un proyecto de crecimiento interior y autorrealización)… Todos estos factores son, de un modo y otro, condicionantes propios del ámbito doméstico. 
Pero existen infinidad de factores sociales que favorecen la continuidad de la violencia de género, como por ejemplo, y el más importante desde mi punto de vista, el estigma y la vergüenza.
Un gran paso que hemos dado en España a favor de la erradicación de este problema ha sido la ley 1/2004 del 28 de diciembre de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Antes de seguir, por favor, quien quiera hacer un comentario que se asegure de haber leído dicha ley, yo os la puedo pasar si estáis interesados. 
En esta ley, muy lejos de lo que se piensa, se pretenden básicamente dos cosas: primero, facilitar el camino burocrático y de rehabilitación a las mujeres maltratadas y a sus hijos. En segundo lugar, mediante el endurecimiento de las penas para este delito, se busca prevenir su comisión. 

Volviendo al tema antropológico-social, no deja de asombrarme que, más allá del machismo, no prime el sentido común en este tema. Como he dicho antes, hemos dejado de cazar para alimentarnos, pero no de maltratar a nuestras mujeres; hemos dejado de participar en rituales religiosos de sacrificios humanos o animales, pero no hemos dejado de cometer adulterio; ya no morimos de gripe, ni de apendicitis, pero nos suicidamos cuando fumamos o nos drogamos… ¿Alguien lo entiende? 
Indagaré más sobre el tema, pues me gustaría saber por qué sobrevive una práctica tan negativa como la violencia de género. Así, a primera vista, parece, una vez más, que la causa es el intento de demostrar una supuesta superioridad, ganar respeto imponiendo el miedo y subordinar a los más débiles como sistema de esclavitud moderna. 
En cualquier caso no deja de llamarme la atención que a nivel internacional hacemos todos grandes esfuerzos para ayudar a los países menos favorecidos, pero después somos incapaces de llamar a la policía cuando escuchamos llorar a nuestra vecina después de haber recibido una paliza. 
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